CORRIENTES, LA TIERRA DEL PAYÉ.

Corrientes es probablemente una de las provincias con más mística e historias paranormales de Argentina. En la tierra del payé, la línea entre la realidad y el mito casi no existe.

Acompáñenme en este recorrido por tres historias escalofriantes que van a hacer que miren dos veces antes de elegir su próximo destino. 
Si están de paso por Corrientes, estas historias los van a hacer replantearse las rutas que toman; y si son locales, estas son una advertencia para que anden con cuidado una vez que el sol se oculte, ya que acá el peligro no siempre es humano...

 El Pombero.


En Corrientes, la siesta no es un momento de descanso, es el territorio de Karai Pyhare (el Señor de la Noche) como le dicen localmente en guaraní, o más conocido como el Pombero. A diferencia de las caricaturas, en el interior correntino se lo describe como un ser retacón, velludo y de pies que pueden girar para despistar a quienes intentan seguir sus huellas.

Los testimonios locales aseguran que el Pomberito puede volverse invisible o transformarse en un pájaro o un tronco. Si un niño anda solo por el monte a la hora en que el sol se encuentra brillando más fuerte, el Pombero puede llevárselo, dejándolo días perdido en la copa de un árbol, desorientado y muchas veces sin poder hablar.

Pero el verdadero miedo surge de su "amistad". Muchos correntinos mantienen la tradición de dejarle ofrendas de tabaco, miel o caña en los rincones de sus propiedades. Si el Pombero se siente ignorado o, peor aún, si alguien le silba o se atreve a burlarse de él, este inicia una campaña de terror: comenzando por ruidos de pasos en el techo, puertas que se abren solas y manos invisibles que acarician a quienes duermen. 

En Corrientes se sabe que al Pombero no se lo nombra en voz alta, y mucho menos se le falta el respeto. La regla es clara: Si oís un silbido en la noche, nunca lo devuelvas. Hacerlo es una invitación para que ese ser velludo y de pasos pesados se instale en los rincones de tu casa, acechando tu sueño.

En esta tierra, la cortesía no es educación, es supervivencia: al Karai Pyhare no se lo desafía, se lo apacigua, porque una vez que decide seguirte, no habrá traba ni rezo que lo mantenga lejos.


El Lobizón.


La leyenda del Lobizón en Corrientes se vive con muchísima seriedad como todos los fenómenos paranormales que ocurren en esta región. 

Se dice que el séptimo hijo varón, al llegar a la adolescencia, carga con un estigma de sangre. Los viernes de luna llena, la transformación no es mágica como en el cine, sino dolorosa y visceral. 
Testigos en parajes rurales describen haber visto a un hombre revolcarse sobre restos de animales o cenizas antes de transformarse en una criatura similar a un perro negro, deforme y de orejas enormes que le tapan la cara. El Lobizón no caza humanos por hambre, sino que busca los cementerios para alimentarse de restos antiguos.

Dicen que si te cruzas con uno, su mirada puede volverte loco, y si su saliva o su aliento te tocan, la maldición podría empezar a buscarte a vos. El olor a podrido que deja a su paso es la señal de advertencia para que los vecinos cierren sus puertas con traba de hierro y se encomienden a algún santo antes de que el sol vuelva a salir.

Si escuchás un jadeo húmedo a tus espaldas, no cometas el error de correr: el Lobizón huele el miedo antes que la sangre. Quedate inmóvil en las sombras, apretá un trozo de hierro contra tu pecho y rezá para que la nube tape la luna antes de que él note tu presencia.


La luz mala.


En las inmensas extensiones de los Esteros del Iberá o en los campos desolados, aparece un fenómeno que paraliza a los viajeros: una luz de color verde azulado que flota a centímetros del suelo que los locales llaman "la luz mala".
Según los correntinos esta luz no es un gas de los pantanos; es un ánima en pena, un alma que murió de forma violenta o en pecado y que no ha recibido el perdón. 
Se dice que si intentas escapar, la luz se acelera y se mantiene siempre a la misma distancia de tu nuca
El peligro máximo ocurre cuando la luz se vuelve blanca y brillante: es el momento en que el alma está más desesperada por comunicar algo o por llevarse a alguien con ella. Quienes han tenido la "valentía" de ir donde la luz nace, aseguran haber encontrado huesos humanos envueltos en harapos antiguos. 
La advertencia es clara: si ves el farol de Mandinga en el horizonte, no lo mires fijo y, sobre todo, no dejes que te gane la curiosidad, porque podrías terminar siendo parte de su eterno vagar por el barro. La Luz Mala no alumbra el camino, devora a quien lo transita: si le clavás la mirada, te perseguirá hasta que tus pulmones se llenen de barro. Agachá la cabeza, apretá un metal entre tus manos y seguí de largo; en los esteros, la curiosidad es el primer paso para no volver nunca a casa.

Corrientes nos ha recordado que en la tierra del payé, el misterio no se cuenta, se padece. El monte tiene ojos y la noche, memoria.

¿Alguna vez sentiste un silbido sin dueño o viste una luz que no debería existir? Dejá tu testimonio en los comentarios. En Umbra, tus historias son más que simples relatos.

No se confíen. Las huellas en el barro se borran, pero el camino de Umbra sigue un nuevo rumbo. Nos comenzamos a preparar para un nuevo destino donde las leyes de los hombres no alcanzan y el horror tiene un nombre que pocos se atreven a pronunciar...

¿Hacia que provincia Argentina creen que nos dirigimos ahora? Los leo abajo.

Y recordá mantener la luz encendida. El viaje apenas comienza.

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